sábado, 6 de agosto de 2011

Para las casaderas: “Mr Right” o casarse bien

Autor: Salvador I. Reding Vidaña | Fuente: Catholic.net

El problema, al seleccionar prospecto de marido, es que el éxito del matrimonio como feliz convivencia y ayuda mutua, depende en mucho de los hábitos y valores familiares de cada uno

Para las casaderas: “Mr Right” o casarse bien
Para las casaderas: “Mr Right” o casarse bien
Hablando del matrimonio con el hombre que resultó equivocado, muchas mujeres consideran que siempre está la salida del divorcio y de volver a empezar, o aún más, de “rehacer la vida”, cuando el matrimonio tiene ya más tiempo. ¿Y el matrimonio religioso? ¡Ni modo!

¿Qué pasó? Se equivocaron de hombre y hay que salir del atolladero. El problema principal es el de la violencia contra la mujer: de un golpeador o un psicópata, misógino, cuyo deporte favorito es destrozar psicológicamente a una mujer.

Frente a estos extremos, hay muchas otras posibilidades de encontrar dificultades, sobre la marcha matrimonial, para convivir en armonía, para una verdadera ayuda mutua, en que la mujer se sienta no solamente amada, protegida, sino apoyada para su desarrollo personal, incluyendo el desarrollo profesional.

Existe el concepto, creo que muy latino, del “príncipe azul”. No es sólo o principalmente el mejor marido, sino el hombre rico y poderoso (y hasta guapo, de buen ver, como el de Cenicienta), ese que dará a la esposa una vida de reina (él será rey, es el heredero). En el medio anglosajón, las mujeres hablan más bien de algo más modesto, es decir del marido adecuado, correcto: “Mr Right”, dicen.

Buscando a Mr Right, tratan de encontrar al hombre con el que puedan compartir una vida, ese con el que no tendrían que preocuparse de cuánto tiempo pasará antes de decidir divorciarse. Mr Right es el buen marido. No es ni manipulable ni dominante, comparte la vida, las decisiones y los intereses con la esposa.

En el medio latino, mucho se habla de que la mujer debe “casar bien”. Esto significa no sólo que sea un buen marido, sino que implique la superación en rango social, es decir, que tenga dinero, al menos más que la familia de la pretendida. (“Quiero un novio que tenga título y auto”, decía una chica humilde).

Casarse bien incluye una fiesta de boda dispendiosa, echar la casa por la ventana; salir en “sociales”; ser la admiración o de preferencia la envidia de otras mujeres casaderas. “Qué bonita boda, ¿viste el arreglo de la iglesia? Qué hermoso vestido, y ni hablar de la lista de invitados, pero la fiesta ¡guau!” deben ser los comentarios de las amigas y parientas.

De allí sigue que el novio tenga un buen empleo, que gane bien, para que le dé una buena vida, si no de lujos, sí de confort. Una buena casa en un buen barrio, que demuestre su buena suerte. Y si es guapo, tanto mejor: se lo ganó a otras mujeres, bravo.

Desgraciadamente, muchas veces el proyecto de boda y matrimonio, se centra en un noviazgo de cortejo y obsequios, la boda misma y el inicio de la vida en común, y lo que vendrá después, ya veremos. Con casar bien, la novia y su madre, principalmente, desean un buen muchacho, un buen hombre, con seguridad económica. No está mal.

Muchas mujeres buscan como prospecto de marido a un hombre en el que puedan apoyarse, que sea fuerte emocionalmente, que puedan admirar en su masculinidad, su saber, que las proteja y a quien puedan ellas mimar, agradar y cuidar (maternalmente). Que se amen siempre. Yendo más lejos, que sexualmente les complazca. Todo esto no está mal, no, pero no es suficiente.

El problema, al seleccionar prospecto de marido, es que el éxito del matrimonio como feliz convivencia y ayuda mutua, depende en mucho de los hábitos y valores familiares de cada uno, de ella y de él. Aquí es donde las cosas pueden pintar mal, si se abren bien los ojos, o se descubren las diferencias entre cónyuges cuando ya están casados. Esto es clásico en matrimonios interculturales, de distinto país.

Tomemos el caso extremo del hombre dominante (no el que se ve como cabeza de familia, sino mucho más), el que impone su autoridad a base de amedrentar, insultar o sobajar a la esposa, o peor aún, que la golpea. ¿Qué pasa? Que las cosas desagradables, violentas, ocurren de pronto, con gran sorpresa, cuando no debía ser así. En general, era previsible, abriendo bien los ojos.

Lo mismo sucede con asuntos menores que la violencia y la dominación, esa que destruye el ego de la esposa y la vuelve servidora o esclava personal del marido. Se trata de la diferencia en la forma de ver la vida, en el concepto de familia, del rol que toca a la mujer y al marido en el matrimonio y a sus respectivas familias.

De pronto, resulta que lo que cada recién casado esperaba del otro, y de la vida en común, es enormemente diferente, y ello cae a la pobre mujer como balde de agua fría (también a él, claro). ¿Qué pasó? Que en realidad no se conocían.

El noviazgo, el cortejo y el dar buena cara, nublan la vista para ver cómo es el novio en su vida real. Trata tan bien a la noviecita, que la envuelve en un manto mágico de felicidad, que se concretará en un buen matrimonio de por vida.

Para evitar estas trágicas sorpresas después de la boda, la mujer debe averiguar bien quién es, cómo es, cómo piensa y cómo vive su pretendiente.

En el caso de la violencia, ésta normalmente viene de familia, se admite, se practica o se tolera, sobre todo la violencia verbal, a la que muchos no dan, irracionalmente, importancia: “es que tiene su genio, pero se le pasa”. No, no se le pasa, empeorará con el tiempo. ¿Y la infidelidad vista como normal, aceptable?

Que el señor marido espera que su joven esposa sea su sirvienta, y que no tenga vida propia, eso, puede venir también de familia. Es necesario que la joven conozca mucho sobre la vida familiar del pretendiente, solamente así sabrá lo que él esperará y exigirá de ella con el matrimonio, sin sorpresas en general.

En resumen, encontrar al hombre correcto, al buen marido, además de conocer sus valores, sus ideales, sus planes de vida, sus preferencias en todo, es conocer a su familia, la vida a la que está acostumbrado, a los roles que se asignan, en su medio familiar y social, a la mujer, y entonces decidir si aceptan el casorio.

Comentarios al autor: 
siredingv@yahoo.com

viernes, 5 de agosto de 2011

REGALIZ (Liquorice)


El regaliz es una planta. Probablemente usted lo conoce mejor como un agente saborizante que se usa en los alimentos, bebidas y tabaco. Para hacer los medicamentos se utiliza la raíz.

El regaliz se usa para varios malestares del sistema digestivo incluyendo úlceras estomacales, acidez, cólicos e inflamación del recubrimiento del estómago (gastritis crónica).

Algunas personas utilizan el regaliz para el dolor de garganta, la bronquitis, la tos e infecciones bacterianas o virales.

El regaliz se usa también para la osteoartritis, el lupus eritematoso sistémico (LES), los trastornos hepáticos, la malaria, la tuberculosis, la intoxicación por alimentos y el síndrome de fatiga crónica (SFC).

El regaliz se usa a veces junto con las hierbas ginseng Panax y falcatum Bupléurum para mejorar el funcionamiento de las glándulas adrenales, especialmente en aquellas personas que han tomado esteroides por largo tiempo. Los esteroides tienden a suprimir la actividad de las glándulas adrenales. Las glándulas adrenales producen hormonas importantes que regulan la respuesta del organismo al estrés.

El regaliz se usa en un producto a base de plantas llamado Shakuyaku-kanzo-to para aumentar la fertilidad en las mujeres con un trastorno hormonal llamado el síndrome de los ovarios poliquísticos. En combinación con otras hierbas el regaliz también se usa para el tratamiento del cáncer de próstata y el trastorno de la piel llamado eczema.

Algunas personas usan el regaliz como un champú para disminuir la grasa en el pelo.

Muchos de los productos de “regaliz” elaborados en los Estados Unidos de hecho no contienen regaliz. Contienen en cambio aceite de anís el que tiene el olor y el sabor característico del “regaliz negro.”

El regaliz interactúa con muchos medicamentos de venta bajo prescripción médica. Converse con su proveedor de atención médica si piensa empezar a usar regaliz

La raíz contiene gran cantidad de azúcares -alrededor de un 33%- y saponinas, que son sustancias capaces de provocar espuma en mayor o menor cantidad, como la glicirricina, que se encuentra en una proporción del 3%. Por su sabor dulce se suele emplear como edulcorante, aunque debe administrarse con precaución, pues un consumo elevado de la raíz puede ocasionar la aparición de edemas e incluso provocar hipertensión.
Es un buen expectorante, capaz de ablandar las secreciones bronquiales; también es antiinflamatorio y antibacteriano, por lo que resulta muy apropiado en el tratamiento de gastritis, dispepsias y meteorismos, a la vez que mejora casos de úlcera gastroduodenal.
De entre sus diversas propiedades podríamos destacar las de:
a) 
Antiulceroso. La forma deglicirrizada del regaliz es un buen remedio para las úlceras de las vías altas digestivas.
b) 
Antiinflamatorio. Su efecto antiinflamatorio es conocida produciendo un efecto similar al del cortisol.
c) 
Fitoestrógeno. El regaliz posee cualidades fitoestrógena que se emplean para modificar la actividad estrogénica del organismo.
d) 
Antiviral. Los principios activos del regaliz aumenta la actividad del interferón, el compuesto antivírico natural del organismo.
e) 
Detoxificación. Debido a sus componentes, el regaliz se ha sido empleado por la medicina china tradicional como desintoxicante.
f) 
Antialérgico. El efecto similar al del cortisol le proporciona un substancial efecto antialérgico.

OJO: Si tiene intención de comenzar a tomar regaliz, consulte primero con su médico.

Versiculo del dia (8/5/11)


Pedro se lo llevó aparte y trató de disuadirlodiciéndole: “No lo permita Dios, Señor. Eso no te puede suceder a ti”. Pero Jesús se volvió a Pedro y le dijo: “¡Apártate de Satanás, y no intentes hacerme tropezar en mi caminoporque tu modo de pensar no es el de Dios, sino el de los hombres!” Mateo (16, 13-23)

Oración: Señor, cuantas veces me dejo llevar por lo que está de moda, por lo que dice la sociedad y las amistades. Olvido que a menudo estos pensamientos están en contra de tus enseñanzas. Enséñame a pensar como Tu lo harías.

jueves, 4 de agosto de 2011

Versiculo del dia (8/4/11)

Ella se acercó entonces a Jesús y postrada ante él, le dijo: “¡Señorayúdame!”
El le respondió: “No está bien quitarles el pan a los hijos para echárselo a los perritos”.
Pero ella replicó: “Es ciertoSeñorpero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos” Entonces Jesús le respondió: “Mujer, ¡qué grande es tu feQue se cumpla lo que deseas”. Mateo (15, 21-28)

Oración: Señor, una pagana que no te conocía tuvo tanta fe. Yo te conozco y a veces mi fe es débil. Enséñame a fortalecer mi fe y a vivir mi vida como tu mereces que yo la viva.

Los riesgos de la sexualidad precoz

Autor: Por: Jokin de Irala | Fuente: Almas

Éste es el mejor momento para formar en una sana sexualidad.
 
Los riegos de la sexualidad precoz
Los riegos de la sexualidad precoz

La sexualidad en la adolescencia no está exenta de problemas. En primer lugar porque es un período en que el paso de la infancia a la edad adulta es desconcertante, tanto para el adolescente como para los adultos que les rodean. Sufren cambios físicos que a veces les acompleja. Los cambios psicológicos son complejos y pueden coexistir deseos de independencia aunque, de hecho, quieran seguir dependiendo de los padres. Las sensaciones sexuales irrumpen y pueden ser intensas y constantes; el autocontrol puede ser difícil. El desarrollo biológico va avanzando automáticamente mientras que el desarrollo psicológico con más lentitud y depende de la voluntad del adolescente y de las oportunidades que se le brindan.

El cuerpo del joven les hace sentir como si lo tuviera todo pero, al tener una relación sexual precoz, suele recibir menos de lo esperado a la vez que cree haberlo dado todo. Es evidente que para amar hace falta ser dos, pero primero hace falta ser uno para poder unirse darse uno mismo a otra persona. El adolescente debe aprender a amarse, a comprenderse y esto empieza por un proceso de aceptación de su cuerpo, de sus limitaciones; pero también por la objetividad suficiente para valorar sus aptitudes, ya que toda persona las tiene, aunque crea lo contrario. La incapacidad de aceptarse como uno es, produce reacciones como la envidia, la excesiva idealización y dependencia total de otra persona, que le hacen a uno sufrir. Una persona con estas características acaba siendo excesivamente posesiva y por ello tiene más dificultad para amar plenamente a otra. Para darlo todo hay que tener algo que entregar y “ser alguien” previamente. Aunque su cuerpo esté preparado, puede no estarlo desde el punto de vista psicológico y, haga lo que haga, solamente puede dar parte de su ser. Evidentemente esto empeora cuando a la otra persona le ocurre lo mismo.

En la adolescencia, es más fácil la confusión entre el deseo, el afecto interior y el amor auténtico. Muchos jóvenes tienen, incluso sin ser conscientes de ello, un deseo de ternura que relaciones físicas. La “nostalgia romántica del adolescente”. Esa sensación profunda de soledad, de que necesitan al otro, de que les hace falta alguien a quien amar, coincide con el despertar de sus sentimientos para madurar mejor, dan rienda suelta a sus deseos, la probabilidad de equivocarse y de sufrir por ello es mayor.

No parece razonable, por todo lo anterior, pensar que la adolescencia es el mejor momento para iniciarse en la sexualidad. La probabilidad de encontrarse con una gran decepción es inevitablemente más alta que en edades más adultas.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Versiculo del dia (8/3/11)



Ellos le replicaron: «No tenemos aquí más que cinco panes y dos pescados».
El les 
dijo: «Tráiganmelos». Mateo (14, 13-21)

Oración: Señor, basta cambiar el tono de voz para cambiarle la actitud a otra persona. Hay tantas maneras de multiplicar el "pan". Hay tantas maneras de llevar Tus enseñanzas a otros qu no te conocen. A menudo, el ejemplo es suficiente.

Manifestaciones de la sensualidad:


Comodidad: buscar siempre lo más fácil, lo que implique menos esfuerzo y por ello hacer las cosa a medias.

Pereza: dejarse llevar por la apatía, perder mucho el tiempo sin hacer nada, hacer el mínimo esfuerzo posible en todo.

Irresponsabilidad: no cumplir con el deber, los encargos o compromisos, con la puntualidad y totalidad que se debe, por apatía o despiste despiste.

Falta de disciplina: vivir según el sentimiento o impulso del momento, sin someterse nunca a un horario o a una orden.

Inconstancia: ser incapaz de mantener fiel a unos propósitos, o a unos compromisos contraídos.

Divagación de la mente: vivir con la mente dispersa, pensando en mil cosas sin concentrarse en lo que se está haciendo.

Huída del sacrificio: huir y sacarle la vuelta a todo lo que cueste o exija desprendimiento personal.

Sentimentalismo: vivir al vaivén de los sentimientos dejándose manejar por ellos. Ver siempre las cosas a través del sentimiento del momento, sin objetividad.

Sensiblería: valorar las cosas sólo en la medida en que producen sentimientos bonitos, sin buscar los sólidos, lo consciente.

Castillos en el aire: vivir siempre como evasión, en posibles sueños y deseos irreales, buscando en ello compensación o satisfacción.

Curiosidad: querer saber siempre todo, estar enterada de todo leer escritos o escuchar conversaciones que no me competen.

Superficialidad: vivir sin profundizar en el verdadero sentido de la vida y de las cosas, buscando solo el disfrute y la diversión fácil. Estar muy pendiente del chisme, de las novedades, etc.

Vida de sentidos: buscar satisfacción en verlo todo, experimentarlo todo, no poder vivir sin ruido, sin el “disfrute de la vida”.

Gula: comer o beber en exceso, por puro placer, o como manifestación de insatisfacción o desfogue.

Búsqueda del placer físico: buscar todo aquello que produzca placer corporal, en posturas, en relación con los hombres o mujeres, masturbación, etc. (como compensación de algunas carencias).

Afectividad excesiva: ser exagerado en las manifestaciones y en la búsqueda de afecto de manera descontrolada y sin estabilidad.

martes, 2 de agosto de 2011

Versiculo del dia (8/2/11)


En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: "¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?". Mateo (14, 22—36)

Oración: Señor, cuando pongo mis ojos en Tí, todo eventualmente vuelve a la normalidad después de una tormenta, pero cuando dudo y me hundo en mis preocupaciones, la tormenta parece no disiparse. Ayúdame a enfocar mi vida en Tí, porque todo es temporal y solo Tu eres eterno.



Jesús le dijo a Simón: “No temasdesde ahora serás pescador de hombres”.  Lucas (5, 1-11)

Oración: Señor, tu nos llamas a cada uno de nosotros a llevar fieles a Tí. Nos dejas hacerlo de diferentes maneras...con una palabra, haciendo una obra de caridad, regalando un libro o siendo simplemente un ejemplo. Soy yo un pescador de hombres? Estoy ayudando a propagar mi fe o soy yo alguien que aleja a tus hijos de Tí?

Manifestaciones de la soberbia



Autosuficiencia: creer que me basto a mi mismo, que no necesito de Dios ni de los demás.

Autocomplacencia: estar muy satisfecho de uno mismo y por eso gloriarse de sí mismo, auto alabarse, complacerse de todo.

Altanería: Actitud despreciativa hacia los demás en palabras, gestos, miradas, ponerse al tu por tu con los demás.

Vanidad: querer aparentar lo que no se es, actuar o hablar para quedar bien, aún a costa de la verdad.

Apropiarse de los méritos ajenos: ante los éxitos ajenos, manejar las cosas de tal que modo, que parezca que el mérito es mío y así sacar yo el provecho.

Afán de singularidad: buscar ser original, especial, para presumir o llamar la atención. Querer tener privilegios o derechos que los demás no tienen.

Desaliento: desanimarse ante los propios errores o fracasos y tomar una actitud de pesimismo y de reproche.

Falta de aceptación personal: no estar conforme consigo mismo y por eso auto reprocharse, reprocharle a Dios por como se es y por ello ser inseguro (en el fondo porque se sueña con una imagen ideal que no es real o porque se compara con los demás)

Envidia: mirar con malos ojos cualidades éxitos de otros, que lleven a desanimarse o a desear un mal a otro.

Orgullo: rebeldía, querer que todo se haga como una quiere, enojo cuando se le contradice, apego al propio juicio.

Dureza de juicio: terquedad, ser necio, juzgar despreciativamente a los demás, mal interpretar sus actos.

Egoísmo: querer ser el centro y criterio de todo, interesarse solo por si mismo y por sus cosas.

Imponer el propio juicio y gustos: querer que todos aprueben, acepten y apoyen las propias opiniones, gustos, iniciativas, sin aceptar la de los demás.

Timidez: temor a fallar, a no tener éxito o a caer mal a los demás, no por eso es callado, uno no se abre a los demás.

Cavilaciones: darle muchas vueltas y vueltas a las cosa, complicándolas más de lo que son.

Suspicacia: complicar mucho las cosas, buscando siempre en las acciones, palabras o gestos de los demás, una intención secreta hacia uno de lastimar, ridiculizar, engañar, etc.

Racionalismo: querer entender todo con la razón y la lógica personal, incluso los misterios de fe, y no aceptar lo que no “entre” por ahí.

Ambición: afán de triunfar, de tener éxito, para sentirse bien con uno mismo, sentirse poderoso, mejor que los demás.

Juicios temerarios: emitir juicios negativos sobre otros, sin fundamento en la verdad.

Crítica: manifestar abiertamente fallos, errores, defectos de los demás, con intención de dejar mal a la otra persona, ante otros.

Hipocresía y fariseísmo: expresar hacia fuera sentimientos, actitudes, propósitos, etc., consciente de que no corresponde a los hechos reales.

Espíritu calculador: calcular siempre en todo los beneficios y perjuicios que se van a obtener y actuar según la convivencia. Por desconfianza en los demás, estarse siempre cuidando de que los otros no lo vayan a herir o engañar.

Arrebatar la palabra 

Centralizar en sí el juego o la conversación. 

lunes, 1 de agosto de 2011

Versiculo del Dia (8/1/11)

Jesús les replicó: "Denles ustedes de comer". Mateo (14, 13-21)

Oración: Señor, en general la gente se vive quejando que el mundo tiene hambre, que hay calientamiento global, que hay guerras, etc. Los problemas en este planeta no van a acabar si no empiezo por mi  mismo.Yo puedo contribuir a que este mundo sea mejor si pongo un granito de arena. Hay tanto que puedo hacer sin tener que irme a una misión al Africa, ayudando a aquel con hambre, cuidando de vivir una vida más de acuerdo con el medio ambiente, y tratando de vivir en paz con aquellos que me rodean. Yo debo ser parte de la solución y no parte del problema.


Tips para cambiar el mundo a tu alrededor:
1) En vez de darle dinero a los mendigos, tengamos bolsitas con cosas no perecederas en el carro. Ej: cajita de jugo, bolsita de galletas(crackers), una cajita de cereal, una latica de salchicha, una cajita de leche,latica de atún, etc. Recomiendo poner una notcia o una oración sencilla. Una sonrisa! :-)
2) Reciclar!
3) Una sonrisa al que pase por tu camino
4) No gastar tanta agua
5) Orar ( por otras personas)
6) Patrocinar la educación de un niño...o dos.
Hay mil cosas que se pueden hacer, pero estas que menciono no necesitan de mucho trabajo. Son simples acciones que ayudan aunque uno no lo crea.

Tips para fortalecer tu voluntad.


1. Levántate a la primera, sin esperar a que suene dos veces el despertador.

2. No tomes alimentos entre comidas.

3. Deja de fumar durante ciertos días, o en ciertas horas.

4. No prendas el radio del coche durante ciertos días, o por lo menos después de haber conducido durante diez minutos.

5. Sé puntual en todos tus compromisos (aunque sepas que otras personas van a llegar tarde).

6. Revisa tu programa de reforma de vida todas las noches.

7. No tengas ni un minuto de ocio: habla por teléfono cuando sea necesario.

8. Propósito hecho, siempre cumplido.

9. Ten un horario en el día y no dejes nada a la improvisación.

domingo, 31 de julio de 2011

Versiculo del Dia (7/30/11)

"Ninguno de ustedes haga daño a su hermano; antes bienteman a su Dios, porque yo soy el Señor, Dios de ustedes”. Levítico
(25, 1. 8-17)

Oración: Señor, hacerle daño a nuestro prójimo no significa herirlo con arma mortal. Hacemos mucho daño con nuestras palabras y acciones. Sin darnos cuenta herimos a nuestro prójimo hablando mal de el, o diciéndole a el mismo cosas ofensivas que no se merecen oir. A veces somos abusivos sin siquiera darnos cuenta. 

Versiculo del Dia (7/31/11)


Hermanos: "¿Qué cosa podrá apartarnos del amor con que nos ama Cristo? ¿Las tribulaciones? ¿Las angustias? ¿La persecución? ¿El hambre? ¿La desnudez? ¿El peligro? ¿La espada?
Ciertamente de todo esto salimos más que victoriosos, gracias a aquel que nos ha amado; pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni el presente ni el futuro, ni los poderes de este mundo, ni lo alto ni lo bajo, ni creatura alguna podrá apartarnos del amor que nos ha manifestado Dios en Cristo Jesús.romanos (8, 35. 37-39)

Oración: Señor, si Tu estás conmigo a que he de temer? Todavía temo muchas cosas y aunque creo que en mis años de vida he madurado en mi fe, hay muchas cosas en este mundo a las que le tengo miedo. Ayúdame a creer con todas las celulas de mi alma que todo va a estar bien a pesar de todo lo que pueda pasar alrededor mío, porque Tu estás conmigo. Ayúdame Jesús!

Descubre tu defecto dominante.


Si no somos santos, no te disculpes ni busques pretextos. Hay un refrán que dice “cuando los defectos se inventaron, se acabaron los tontos”. Tu mismo podrías hacerme aquí una lista de pretextos: no soy santo porque no he sido llamado a la santidad, no soy santa porque no me dan los medios, no soy santo porque me da miedo, no soy santo porque otros no me dejan ser santo. Y así la lista podría seguir al infinito.

No te compliques y saquemos una conclusión: no eres santo porque no has luchado con inteligencia para alcanzar la santidad. Fíjate muy bien que he subrayado la palabra con inteligencia. Quizás después de un retiro espiritual, de unas jornadas de oración o de un taller de vida cristiana hayas sentido ganas de ser santo, de ser mejor, de acercarte más a Cristo. Eso es muy bueno. Querer es poder, alguien ha dicho por ahí. Pero... ¿has puesto los medios? No basta simplemente con querer. Hay que poner los medios. Y uno de los medios más importantes para ser santo es descubrir tu defecto dominante y trabajar por combatirlo.

Todos tenemos defectos que debemos atacar para conseguir la santidad: Yo me enojo muy pronto y pierdo el control de mí mismo, hay quien no puede ser caritativo con los demás porque está más allá de sus propias fuerzas, los hay que se quedan a mitad del camino de la santidad porque la pereza les paraliza del todo. Eso es normal. Decir que tenemos defectos equivale a decir que somos humanos, equivale a describir nuestra naturaleza, por lo cual no tiene nada de especial que en el camino de la santidad hayas encontrado esos defectos. Ahora bien, hay muchos defectos que combatir, ¿por cuáles debemos comenzar? Son muchos y de muy variada especie...

En la vida espiritual todos los defectos los podemos agrupar en dos grandes grupos: los defectos cuya raíz están en la soberbia y los defectos que tienen su raíz en la sensualidad. La soberbia no es más que sentirme yo el centro del universo, pensar que yo siempre tengo la razón y que todos deben obedecerme, creer que mi punto de vista es infalible. Algunas manifestaciones de la soberbia son: deseo de estima, vanidad, dureza de juicio, dureza en el trato con los demás, terquedad, altanería, impaciencia, autosuficiencia, desesperación, rencor, juicios, temerarios, envidia, crítica, racionalismo, respeto humano, individualismo, insinceridad, ira, temeridad en las tentaciones, apego a los cargos, desprecio de los demás, compararme con los demás, hacer distinción de las personas y no verlas a todas como hijos de Dios, vivir como si Dios no existiera haciéndolo a un lado en la propia vida, susceptibilidad, no saber escuchar, servirme de Dios y no buscar servirlo, ver a Dios más como señor y juez que como Padre y amigo.

De otro lado, tenemos los defectos cuya raíz va a la sensualidad que es poner nuestra comodidad como el valor supremo de nuestra vida. Algunas manifestaciones de sensualidad son: flojera, pérdida de tiempo, huida de todo lo que suponga sacrificio, concupiscencia de la vista y de la mente, sexualidad desordenada, excesos en el comer y en el beber, deseos desordenados de tener y de consumir, despilfarro, lecturas, conversaciones y espectáculos que fomentan la sensualidad y la vulgaridad.

Aquí tenemos los dos grandes pesos que nos impiden alcanzar la santidad: la soberbia y la sensualidad con una gama de manifestaciones. Cada uno de nosotros tiene manifestaciones de soberbia y de sensualidad. Un ejército no se gobierna lanzando batallones de infantería a diestra y siniestra. Se analiza el enemigo, tratamos de conocer sus armas, su potencial y se lanza el ataque enfocándolo a objetivos muy precisos. Lo primero que debemos hacer es conocer a nuestro enemigo: ¿con quién vamos a enfrentarnos? ¿Con la soberbia o con la sensualidad? No se trata de hacer un elenco exhaustivo de todas esas manifestaciones. Debemos combatir con inteligencia, ya lo hemos dicho. Hacer una lista de todas las manifestaciones que me alejan de Dios no tiene ningún caso. Se necesita descubrir la raíz de esas manifestaciones y lograr llegar a decir: “yo estoy alejado de Dios porque soy un soberbio con tales manifestaciones” o decir también: “yo no soy hija de Dios cuando me dejo llevar por mi defecto dominante que es la sensualidad con estas y estas manifestaciones”. ¿Cómo puedo llegar a esto?

Todas las noches, antes de acostarte, haz un pequeño balance y en una hoja escribe las fallas que hayas tenido en ese día. Debes ser muy sincero y no aparentar nada a ante nadie. Sé humilde y escribe: me enojé con mi hermano, no fui lo suficientemente paciente con mi esposa, se me fueron los ojos al ver tal o cual revista, no escuché a mi compañero de trabajo, traté de imponer mi punto de vista sin escuchar a los demás.

Después de hacer esa lista, cataloga cada una de las faltas, poniendo las letras “So” si han sido manifestaciones de soberbia o “Se” si han sido manifestaciones de sensualidad. Haz el propósito de revisarte todas las noches haciendo estas clasificaciones de faltas. Después de una semana habrás encontrado tu defecto dominante, pues tú mismo te darás cuenta si es la soberbia o la sensualidad la raíz de tus faltas más frecuentes. Seguirás siendo como todos los humanos teniendo defectos de soberbia o de sensualidad, pero habrás descubierto que uno de ellos es el que más te aleja de Dios.

Ahora, con tu defecto dominante ya conocido, será más fácil comenzar el camino de la santidad.