lunes, 26 de agosto de 2013

Versiculo del Dia 8/26/13


Jesús dijo: "¡Ay de vosotros escribas y fariseos hipócritas...!" Mateo 23,13-22

Oración: Señor, cuando Tu corriges lo haces por amor. Cuánto me amas que diste hasta Tu vida por mí, y por esos fariseos a quien regañaste ese día. Quisiera entender el amor que me tienes y sé que es imposible porque Tu amor no se compara con nada humano. Tu me quieres infinitamente y deseas lo mejor para mí. Mientras más entienda yo esto, más podré amar. Me ayudas?

domingo, 25 de agosto de 2013

Versiculo del Dia 8/25/13

"Aceptad la corrección, porque Dios os trata como a hijos, pues, ¿qué padre no corrige a sus hijos?Ninguna corrección nos gusta cuando la recibimos, sino que nos duele; pero, después de pasar por ella, nos da como fruto una vida honrada y en paz." Hebreos 12, 5-7. 11-13

Oración: Señor, he pasado por cosas difíciles en mi vida que nunca he visto como castigo, sino como lecciones de vida. Me han dolido y solo Tu sabes cuanto, pero sin esos momentos, yo no sería quien soy hoy. Así que hoy Te los agradezco!

viernes, 23 de agosto de 2013

El increíble milagro del Padre Pío que llevó a la conversión a toda una parroquia ortodoxa


Javier Lozano / ReL  
El Padre Pío sigue intercediendo por todo el mundo y desde el cielo continúa propiciando milagros de todo tipo. Muchos son ya los testimonios que se conocen sobre el santo de Pieltrecina por todo el mundo, algunos de ellos recogidos en libro  Padre Pío, de José María Zavala.
 
Sin embargo, en el caso de la familia Tudor  ha propiciado no sólo un milagro físico sino laconversión de cientos de personas al catolicismo y la ilusión de hacer un pequeño San Giovanni Rotondo en el interior de Rumanía, un país con un arraigado pasado comunista y de mayoría ortodoxa.
 
Víctor, un sacerdote ortodoxo
Víctor Tudor era un sacerdote ortodoxo rumano que no conocía al Padre Pío y que tras la milagrosa curación de su madre de una enfermedad incurable se pasó junto a toda su parroquia a la Iglesia Católica. Pero además, decidió ir más allá y ha conseguido construir a pesar de mil dificultades una iglesia dedicada al santo capuchino así como un hospital para enfermos terminales.
 
Esta historia se inicia en 2002 cuando diagnosticaron a Lucrecia, madre de Víctor, un cáncer en un pulmón. Los médicos dijeron que no era operable pues había metástasis por lo que la dieron tan sólo unos meses de vida.
 
El viaje de Lucrecia a Italia
Ante esta situación, el padre Víctor llamó a su hermano Mariano, pintor especializado en iconografía y que vivía en Roma. Con esto esperaba que pudiera conocer a algún médico que pudiera tratar a su madre en Italia. Finalmente, pudo llegar a contactar con uno de los mejores médicos del mundo en su especialidad y éste le dijo que la estudiaría si su madre iba a Roma.
 
Dicho y hecho. Lucrecia llegó enferma a Italia. Allí le vio el médico que igualmente les dijo que la operación era inútil y que sólo se podía intervenir con unos fármacos para mitigar los terribles dolores.
 
La madre se quedó un tiempo con su hijo en Roma para que así la pudieran hacer más controles. Mientras tanto, Mariano trabajaba haciendo un mosaico en una iglesia y se llevaba a su madre consigo. Cuando él trabajaba Lucrecia visitaba el templo y veía las imágenes.
 
El descubrimiento del Padre Pío
Pero hubo una que le llamó poderosamente la atención. Estaba situada en una esquina. Era el Padre Pío. La mujer se quedó impresionada y le preguntó a su hijo quién era. Éste le contó brevemente su historia y durante los días siguientes el hijo se percató de quesu madre estaba permanentemente sentada frente a la imagen del santo de Pieltrecina. Charlaba con la talla como si una persona se tratase.
 
Así pasaron los días. Dos semanas después, Lucrecia y su hijo Mariano acudieron al hospital para realizarse una prueba. Pero para sorpresa y estupor de médicos y de ellos mismos, el cáncer terminal que sufría esta mujer rumana había desaparecido completamente.
 
Esta mujer ortodoxa había pedido la intercesión del Padre Pío y éste había respondido.Este hecho sobrecogió a toda la familia empezando por su hijo Víctor, sacerdote ortodoxo. "La curación milagrosa de mi madre, realizada por el Padre Pío en favor de una mujer ortodoxa, me llamó la atención", reconocía entonces este sacerdote rumano.
 
La conmoción en la parroquia
Ese personaje hasta entonces desconocido para él le había dejado fascinado. Empezó a leer la vida del Padre Pío y algo en él comenzó a cambiar. Le contó el milagro de su madre a sus parroquianos. Todos se quedaron admirados pues la madre de Víctor era bien conocida por ellos. “Todos conocían a mi madre y sabían que había ido a Italia para intentar una intervención quirúrgica, y que luego había vuelto a casa curada sin que ningún médico la hubiera operado”.
 
Este milagro transformó no sólo a la familia Tudor sino a toda la comunidad ortodoxa. Cuenta el padre Víctor que poco a poco en su parroquia se empezó a conocer y a amar al Padre Pío. “Leíamos todo lo que encontrábamos sobre él, su santidad  nos conquistaba”.
 
La conversión al catolicismo
Incluso la cosa iba más allá y otros enfermos de la parroquia recibieron igualmente gracias extraordinarias del Padre Pío. Sin embargo, empezaba a surgir un problema en esta comunidad pues seguían siendo ortodoxos y eran devotos de un santo católico contemporáneo.
 
Por ello, el padre Víctor y su parroquia con casi 350 personas decidieron hacerse católicos. Hoy pertenecen al rito greco-católico de Rumania. Sus vidas se habían transformado pero al igual que el Padre Pío vivió numerosas dificultades ellos también habrían de experimentarlas a la hora de vivir su nueva fe.
 
En una reciente entrevista en Padre Pío TV, Víctor Tudor cuenta que tuvieron“numerosas dificultades” para ser católicos pues la conversión en este país ortodoxo con pasado comunista era bastante compleja. Problemas con los políticos, la Policía…
 
Un nuevo templo en Rumania
Pero no se desanimaron y pese a las trabas decidieron ir incluso más allá y construir una iglesia dedicada al Padre Pío. El templo está ya prácticamente construido y ha sido otro milagro del santo capuchino.
 
Los fieles, en gran medidas muy humildes, colaboraron en la construcción. Mientras tanto, celebraron misa en la calle pese a las gélidas temperaturas invernales. Y a ello había que sumar las enormes trabas burocráticas. El Padre Víctor, desesperado acudía a su obispo ante tantos problemas y éste siempre le respondía: “esto es de Dios y todas estas cosas se resolverán”. Así, de repente un obispo les pagó el terreno de la iglesia. Iban ocurriendo hechos extraordinarios, que poco a poco favorecían la construcción.
 
Mientras tanto, el padre Víctor acudió a Roma junto a su hermano para pedir también ayuda para esta iglesia. Allí se encontró con otro obispo al que contó sus problemas. “¿Qué patrón tendrá tu iglesia?”, le preguntó el prelado. Tras responder que el Padre Pío, este obispo sonrió y le tranquilizó diciendo que “el Padre Pío te hará la iglesia él solo”.
 
El hospital dedicado al santo
Ahora el templo es ya una realidad y para el padre Víctor es otro milagro. “He sentido que el Padre Pío me ha ayudado a mí, a mis fieles y en otros países e iglesias. Es un signo de la fe”, afirma.
 
Aún así, este sacerdote rumano no se ha quedado tranquilo y siguiendo los pasos del santo y pidiendo su intercesión ha creado un “pequeño San Giovanni Rotondo” en Rumania trasinstaurar un hospital que atiende a enfermos terminales, gente sin recursos y ancianos abandonados. Las dificultades son enormes y falta el dinero pero Víctor cuenta con la intercesión del Padre Pío. Hasta ahora no ha fallado.

miércoles, 21 de agosto de 2013

VIOLENCIA en EGIPTO


Autor: Santiago MARTÍN, Sacerdote
La situación en Egipto es de tal gravedad que ese importante país del Mediterráneo puede saltar por los aires en cualquier momento, en una guerra civil que arrojaría miles de muertos. Esto, aparte de cuestionar la política exterior de Obama -pues fue él quien dio el pistoletazo de salida a las revoluciones que han cambiado el mapa político del sur y este del Mediterráneo, llevando al poder a fundamentalismos violentos-, pone en un gran aprieto a los cristianos, ya de por sí minoritarios en esas naciones.

En Egipto, concretamente, decenas de templos coptos y católicos han sido atacados en los últimos días y todo apunta a los musulmanes integristas como los autores. La situación en Siria no es diferente y aunque Assad sea un dictador, lo que temen los pocos cristianos que han sobrevivido a la cruel guerra civil es que si éste cae su situación será aún peor para ellos.

A los fundamentalistas islámicos les da igual la imagen que den en el mundo, no les importa que se les identifique con la violencia más extrema o que se hayan convertido en sinónimo y prototipo de terrorismo. Incluso les da lo mismo que su religión sea cada vez más catalogada como la principal amenaza mundial para la paz. No sólo les da igual, sino que se glorían de ello, pues viven inmersos en una locura llamada "guerra santa". Afortunadamente, no son la mayoría de los seguidores del Islam, aunque se autoproclamen como los verdaderos y genuinos discípulos del profeta. A todos los demás musulmanes esa identificación entre su religión y la violencia sí les molesta y ofende, con razón.
Pero que Islam sea cada vez más sinónimo de guerra, no sólo perjudica a los fieles musulmanes no violentos, que son la mayoría; ni tampoco perjudica a los cristianos que viven bajo su yugo en los países donde han logrado instaurar su ley -la sharia-. De alguna manera nos afecta también al resto de los creyentes. El Papa Francisco, en su reciente encíclica, advierte del riesgo de que se identifique a los creyentes que consideran que en su religión está la plenitud de la verdad con la intolerancia y el fanatismo; esto, que ya es un patrón ideológico en el mundo secularizado de Occidente, lleva a que nosotros, los católicos, seamos vistos con sospecha y se nos considere un peligro para la convivencia, incapaces de aceptar las reglas del juego de la democracia. En "Lumen Fidei", el Papa explica muy bien que la evangelización no significa imposición, sino oferta, y que nuestro convencimiento de que Cristo es el único Salvador y es la plenitud de la Verdad, no lleva a la violencia pues nuestra fe no se puede separar de la caridad. Esto es así, ciertamente, para los católicos -y ahí están las pruebas diarias de cómo nos golpean sin que devolvamos el golpe-, pero no lo está siendo para algunos musulmanes y el descrédito que para la religión significa su comportamiento nos perjudica a todos. Al final, todos acabamos metidos en el mismo saco. Por eso creo que no hay amigo mejor de los secularistas, de los que odian y persiguen cualquier sentimiento religioso, que estos creyentes fundamentalistas y violentos, que les sirven de justificación no sólo para sus tesis sino para la aplicación de las mismas, pues al final ellos -los relativistas supuestamente tolerantes-, se convierten en intolerantes y perseguidores de aquellos que se atreven a decir que la verdad existe, que es objetiva y que se puede acceder a ella.
Un ejemplo de lo que digo ha sucedido en un lugar del mundo muy alejado de las matanzas de El Cairo. Ha ocurrido en Bogotá. La Universidad Pontificia de los jesuitas en esa ciudad, la Bolivariana, había organizado una semana de estudios en torno al fenómeno gay, invitando a ponentes que eran destacados militantes de esa ideología. Ante la incoherencia que representaba que una universidad católica promoviese ese tipo de comportamientos, decidieron trasladar la semana -que pronto se conoció como "del orgullo gay"- a otra institución. El "lobby rosa" reaccionó inmediatamente anunciando la quema de cruces e imágenes religiosas ante las puertas de la universidad. Dar o no dar unas conferencias es una cosa, quemar imágenes religiosas y proferir todo tipo de insultos es otra. ¿Quiénes son los intolerantes? ¿Quiénes los que no saben convivir en una sociedad democrática y pluralista? Y lo peor es que estos "dictadorzuelos" de Bogotá se excusan en lo que hacen los dictadores islámicos de la otra parte del mundo. En el medio, perseguidos por unos y por otros, seguimos estando los cristianos. Como siempre. Como Cristo.