lunes, 2 de julio de 2012

S.S. Leon XIII



S.S. León XIII

I. Una breve biografía
Vincenzo Gioacchino Pecci, el sexto hijo de una familia humilde, vino al mundo el 2 de marzo de 1810, en la ciudad de Carpineto, situada al sur de Roma.
Vicenzo fue educado primero en el colegio jesuita de Viterbo (1818-24), luego en el Colegio Romano (1824-32) y posteriormente estudió en la Academia de Estudios Eclesiásticos (1832-37).
Ordenado sacerdote del Señor en 1837, fue inmediatamente integrado al servicio papal, y como gobernador fue enviado primero a Benevento (1838-41) y luego a Perugia (1841-43). Se distinguió por ser muy capaz y justo en el gobierno de los estados pontificios a él encomendados, por lo que tuvo una reconocida popularidad. Su profunda preocupación social le llevó, entre otras iniciativas, a crear un banco para ayudar a los pobres.
En 1843 fue consagrado obispo, y fue enviado por Su Santidad Gregorio XVI a Bélgica para asumir allí la nunciatura. Dos años más tarde, nuevamente en Italia, le era encargado el gobierno pastoral de la diócesis de Perugia. En 1853 es creado Cardenal por el Papa Pío IX.
Durante su paternal presencia como Pastor de su diócesis, insistió mucho en fomentar una profunda instrucción religiosa de sus fieles. Para dar un fuerte impulso al estudio del tomismo, fundó en el año 1859 la Academia de Santo Tomás de Aquino.
Cuando el año 1860 el estado pontificio de Perugia era anexado a Cerdeña, una legislación fuertemente secularista era introducida por los nuevos gobernantes —conocidos con el nombre de piamonteses—, poniendo fuertes trabas a la libertad religiosa de los fieles católicos. La situación llevó a Mons. Pecci a alzar firme su voz de protesta, siendo constante y firme en la defensa que hacía de los derechos de la Iglesia y de su grey en particular. Sin embargo, a pesar de esta actitud de oposición, supo mantener siempre una buena relación con el nuevo gobierno.
En una serie de cartas pastorales publicadas entre 1874 y 1877 el Cardenal Pecci hacía público su deseo de lograr un mayor acercamiento entre el catolicismo y la cultura contemporánea.
El año 1877 es trasladado a Roma y —luego del tránsito del Papa Pío IX— es nombrado camarlengo (Cardenal que administra los asuntos de la Iglesia cuando sobreviene la vacancia de la Sede Apostólica). Será él el elegido, el 20 de febrero de 1878, para sucederle en la cátedra de Pedro.
II.Su pontificado
EscudoTras un cónclave de tres días la elección de un nuevo Pontífice recaía un tanto inesperadamente sobre el Cardenal Gioacchino Pecci, por entonces un hombre que con una salud bastante precaria llegaba a los casi 69 años. Acaso por ello pensaron algunos que se trataba de un pontificado "de transición". Sin embargo, a despecho de toda cábala humana, el Espíritu Santo elegía a este siervo suyo para guiar la Barca de Pedro por el umbral del siglo adveniente, nuestro siglo XX.
Al asumir la misión apostólica que Dios le confiaba, la de confirmar a su hermanos en la fe, el nuevo Pontífice elegía el nombre deLeón. ¿Una inspiración divina para que su nombre fuese como un signo o anuncio de lo que sería la nota esencial de su pontificado? Lo cierto es que el nuevo Papa, que a más de uno habría sugerido la idea de que el suyo sería un pontificado breve, habría de guiar la barca de Pedro —con ejemplar firmeza— ¡durante casi veintiséis años! Y vaya que, cual rugido de león, haría resonar más de una vez la firme voz de la Iglesia en todo el mundo, la voz que con singular energía se alza en defensa de sus hijos, especialmente cuando ve que se maltrata y desprecia a los más débiles e indefensos.
En este sentido, Su Santidad León XIII ha llegado a ser conocido como el primer Papa de las encíclicas. Muy prolífico en su labor magisterial —publicó alrededor de cincuenta documentos—, hizo conocer al mundo entero la enseñanza de la Iglesia iluminando con la luz del Evangelio los más diversos problemas que se iban presentando en su tiempo.
La más importante de sus encíclicas, sin duda, es la conocida con el nombre de Rerum novarum, y fue promulgada el 15 de mayo de 1891. Con esta encíclica se iniciaba una nueva etapa conocida como Magisterio Social Pontificio, etapa que de ninguna manera desconoce sino que, todo lo contrario, hunde sus raíces en el Evangelio mismo, así como en el pensamiento y la acción social que, inspirándose en las enseñanzas evangélicas del Maestro, han acompañado a la Iglesia desde el inicio de su caminar.
S.S. León XIIIPor medio de esta encíclica el Papa de los obreros, con tono firme, hacía resonar en el mundo entero la voz de la Iglesia que, una vez más, se alzaba en defensa de los débiles, los pobres, los «sin voz». Advertía claramente de los peligros que traerían para el mismo hombre las nuevas concepciones políticas, sociales y económicas que no tomaban en cuenta a la persona humana y que, además, evadían sus responsabilidades sociales por su marcada tendencia individualista. Ciertamente, la creciente pobreza y explotación del hombre por el hombre —en el campo del trabajo— hacía necesario este llamamiento universal que, en nombre de Dios y con hondo clamor humano defendiese a los obreros.
Al publicar la Rerum novarum, el Papa León XIII mostraba una vez más la profunda preocupación que, como Pastor Universal, movía su corazón para alzar su enérgica voz de protesta al agravarse cada vez más la llamada "cuestión social". No sin razón su encíclica ha sido llamada la «Carta Magna del Trabajo».
Es conocido también el gran empeño que Su Santidad León XIII pusiera en favorecer la unidad entre la fe y el pensamiento. Con este fin dio un nuevo impulso a la doctrina de Santo Tomás de Aquino, proponiendo en su encíclicaAeterni Patris a este santo como modelo para los estudios filosóficos y teológicos.
En el terreno ecuménico se dio un verdadero cambio, al menos en lo que se refiere a las relaciones con la Iglesia Oriental. El objetivo del Papa León XIII, en este sentido, era lograr la reunificación de quienes se habían separado de la Iglesia. Fruto de esos esfuerzos fueron, en 1879, el fin del cisma caldeo y del cisma armenio.
En este mismo campo, la cosas no fueron tan bien en lo que se refiere a los anglicanos. Con ellos no sólo no se llegó a ningún acuerdo, sino que se abrió más aún la brecha cuando en 1896 una comisión pontificia, nombrada por el mismo Santo Padre con el objeto de estudiar la validez de las ordenaciones anglicanas, llegó a la conclusión que no se había dado entre ellos la continuidad de la sucesión apostólica.
La actitud que el Papa León XIII mostró frente a las diversas ciencias fue la de un vivo interés y deseo de que se llegase siempre al conocimiento de la verdad. Entre otras cosas, fue él quien abrió las puertas del Archivo Vaticano en 1883 —de acceso muy restringido durante siglos—, dando amplias facilidades para la investigación histórica.

Relaciones internacionalesS.S. León XIII
A lo largo de su pontificado, León XIII mostró extraordinarias habilidades para el gobierno y el manejo de las relaciones internacionales con otros Estados.
Una de las intenciones de su pontificado fue la de lograr ubicar adecuadamente a la Iglesia en la sociedad tal y como se iba perfilando por entonces. Para ello, por medio de una hábil política eclesiástica, buscó mejorar en lo posible las frágiles o quebradizas relaciones con los diversos Estados europeos.
Para entonces las posesiones territoriales del papado —luego de serle arrebatados los estados pontificios— se reducían a un minúsculo espacio: el Vaticano. Al publicar su primera encíclica, el Papa León XIII aclaraba que, en este sentido, la Iglesia jamás había perseguido el gobierno temporal por ambición o por afán de dominio, sino porque «cuando se trata del poder temporal de la Sede Apostólica, está a la vez en juego el bienestar común y la salvación de toda la sociedad humana». Se trataba de la independencia y de la libertad de la Iglesia para cumplir con su misión.
En lo que se refiere a las negociaciones diplomáticas con el Estado italiano no se dieron frutos positivos. Tampoco fueron mayores los éxitos en las relaciones con el Estado francés, aunque con el alemán sí se dieron mejores resultados: se obtuvo la paz y tranquilidad para los católicos que por ese entonces se habían visto gravemente afectados por la "guerra religiosa" o Kulturkampf, emprendida por Bismark por medio de leyes, publicadas principalmente el año 1873, contra el clero católico y los demás fieles. Asimismo fue exitoso el arbitraje ejercido por León XIII en torno a las Islas Carolinas, cuya posesión territorial se disputaban Alemania y España.

Su legado
El Papa León XIII sería llamado a la casa del Padre Eterno a los casi 94 años, el 20 de julio de 1903. Tras de sí había dejado un valiosísimo legado a sus hijos y a la humanidad entera.
Sin duda, su amoroso servicio pastoral ha redundado en inmensos beneficios para la Iglesia de nuestro siglo, frutos de los que podrá cosechar la Iglesia también en los siglos venideros. Verdaderamente, como decía el Señor, uno es el que siembra, otro es el que riega, otro el que cosecha y se beneficia con los frutos... y en los sabios designios del Señor, lo que León XIII sembró, lo que el Señor mismo ha hecho crecer y madurar por la gracia de su Espíritu, eso es lo que hoy recibimos y cosechamos, los frutos de los que nos nutrimos.
Su Santidad León XIII, con su firme y valiente defensa del hombre frente a los peligros de las erradas concepciones antropológicas que nutren las ideologías y economías de este siglo, ha hecho sentir muy fuerte en el mundo entero la voz de la Iglesia que sale en defensa de lo que para ella es lo más sagrado: el ser humano y su dignidad, dignidad que le viene de ser hijo de Dios, por quien Cristo en la cruz pagó un precio de Sangre.
El "rugido" de León XIII sigue resonando fuerte en el corazón de la Iglesia y en el mundo entero, recordando a todos lo que casi un siglo después proclamaron los Padres conciliares: para la Iglesia «nada hay de verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón» (Lumen gentium, 1).
III. Su Magisterio pontificio
Encíclicas:
Aeterni Patris (4-8-1879), sobre la restauración de la filosofía cristiana y la renovación de la ciencia teológica.
Arcanum divinae Sapientiae (10-2-1880), sobre la familia.
Diuturnum illud (29-6-1881), sobre la autoridad política.
Immortale Dei (1-11-1885), sobre la constitución cristiana del Estado.
Libertas Praestantissimum (20-6-1888), sobre la libertad y el liberalismo.
Rerum novarum (15-5-1891), sobre la situación de los obreros.
Providentisimus Deus (18-11-1893), sobre los estudios bíblicos.
Satis cognitum (29-6-1896), sobre la naturaleza de la Iglesia.
Divinum illud munus (9-5-1897), sobre la presencia y virtud admirable del Espíritu Santo.

sábado, 30 de junio de 2012

Los hermanos de Jesús.


http://www.frmaria.org
Tanto católicos como protestantes creemos que Jesús tiene más hermanos, pero cada uno entiende algo diferente por ello. Los católicos profesamos que todos los cristianos somos hermanos de Jesús por el bautismo. Profesamos al mismo tiempo que Jesús no tuvo hermanos naturales. Los protestantes, en cambio, creen que María Santísima tuvo más hijos naturales. Se basan en los pasajes que mencionan a los «hermanos» de Jesús.
Los controvertidos pasajes en los que se habla de los “hermanos” de Jesús son:
Mateo 12,46: «Todavía estaba hablando a la muchedumbre, cuando su madre y sus hermanos se presentaron fuera y trataban de hablar con él.
Marcos 6,3: «¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros?» Y se escandalizaban a causa de él».
Juan 7,5: «Es que ni siquiera sus hermanos creían en él».
Hechos 1,14: «Todos ellos perseveraban en la oración, con un mismo espíritu en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos.»
1 Corintios 9,5: «¿No tenemos derecho a llevar con nosotros una mujer cristiana, como los demás apóstoles y los hermanos del Señor y Cefas?»
Significado de “hermano”
Para entender los pasajes anteriores es esencial entender el uso de las palabras en la cultura de los judíos de aquel tiempo. Tanto el hebreo como el arameo (lenguaje de Jesús y sus discípulos) utilizaban la misma palabra para designar a los hermanos, a los primos y a miembros del mismo clan. Los autores del Nuevo Testamento eran de cultura hebrea y escribieron en griego. El Antiguo Testamento también fue traducido al griego por ser el lenguaje más popular de la época. Es la llamada Biblia de “los Setenta”.
            La palabra hebrea para hermanos y primos fue traducida al texto original griego de la Biblia como «adelphos». A diferencia del hebreo o el arameo, el griego tiene una palabra específica para primos: «anepsios», pero los traductores de la Biblia de “los Setenta” y del Nuevo Testamento, siendo de cultura hebrea, prefirieron usar «adelphos» cuando se utilizaba la palabra aramea «hermanos» que, como hemos dicho incluye primos y otras relaciones. Es decir, utilizaron la palabra griega pero en el sentido original del lenguaje de Jesús. Por eso, para saber si se trata de hermanos de sangre, de primos o de otras relaciones, hay que estudiar el contexto de la cita. Esto lo podemos saber por varios ejemplos encontrados en el Antiguo Testamento.
            A Lot se le llama «hermano» de Abraham en Gen. 14,14, pero sabemos por la misma Biblia que era su sobrino (Gen. 11,26-28). A Jacob le llaman «hermano» de Laban quien es en realidad su tío (Gen. 29,15). I Crónicas 23,21-22 habla de los «Hijos de Majlí: Eleazar y Quis. Eleazar murió sin tener hijos; sólo tuvo hijas, a las que los hijos de Quis, sus hermanos, tomaron por mujeres.» Otros ejemplos están en 1 Sam. 9,13; 20,32; 2 Sam. 1,26; Amos 1,9. Deuteronomio 23,8: «No tendrás por abominable al idumeo, porque es tu hermano». II Reyes 10,13-14: Los 42 «hermanos» del rey Ocozías que bajaban a saludar a los hijos del mismo rey y de la reina. Nehemías 5,8: «y les dije: «Nosotros hemos rescatado, en la medida de nuestras posibilidades, a nuestros hermanos judíos que habían sido vendidos a las naciones. ¡Y ahora sois vosotros! vendéis a vuestros hermanos». Jeremías 34,9: «en orden a dejar cada uno a su siervo o esclava hebreos libres dándoles la libertad de suerte que ningún judío fuera siervo de su hermano.»

martes, 26 de junio de 2012

THE HIDDEN POWERS AND SECRETS OF CONFESSION INCLUDE TRUE MEANING OF 'CONVERSION'




There are hidden powers and history with Confession. Seldom do we stop to contemplate how powerful this sacrament is in ridding pride (truly, the great inhibitor to holiness) and purging evil. An exorcist  in Rome once wrote that Confession is as powerful against the enemy as a formal exorcism! When we purge darkness, we purge demons. And when we purge demons, we often set the way to healing (for as Christ showed, many ailments are caused by unclean spirits).
We tend to think Confession was always with our Church, that as a sacrament it is the twin of Communion -- which in crucial ways, of course, it is. However, it does not share the same history. Where the Eucharist was instituted by Jesus at the Last Supper, Confession came through other parts of Scripture.
Note that when Jesus passed His mission to forgive sins to his ministers, He told them that "as the Father has sent me, even so I send you. . . . Receive the Holy Spirit. If you forgive the sins of any, they are forgiven; if you retain the sins of any, they are retained" (John 20:21–23). 
But it is false to call it a relatively recent sacrament (as do some, saying that verbal Confession started only in 1215, at the Fourth Lateran Council).
In fact, while it has changed, as has the Mass itself, there was Confession in the initial days of the Church (tradition has it, right from the start) -- often involving years of penitential acts. It is pointed out that in the earliest Christian writings, such as the first-century Didache, are indefinite on the procedure for Confession, but a verbal confession is listed as part of the Church’s requirement by the time of Irenaeus -- which means around A.D. 180. It was during the seventh century that Irish missionaries began the practice of "private" penances that did not require public and long-term penances. What the Fourth Lateran Council did was establish the requirement of Confession at least once a year. The Council of Trent (1551) reaffirmed this.
St. Ambrose (d. 397) rebuked the Novatianists who "professed to show reverence for the Lord by reserving to Him alone the power of forgiving sins. Greater wrong could not be done than what they do in seeking to rescind His commands and fling back the office He bestowed." St. Augustine (d. 430) warned the faithful: "Let us not listen to those who deny that the Church of God has power to forgive all sins." St. Athanasius (d. 373): "As the man whom the priest baptizes is enlightened by the grace of the Holy Ghost, so does he who in penance confesses his sins, receive through the priest forgiveness in virtue of the grace of Christ."
That all said, it is good to meditate on the power of this sacrament.
And for this we turn to a useful little book by John A. Kane, How To Make A Good Confession, which includes "examination of conscience."
Therein we realize more fully that when those who were born Catholic but have strayed come back and "convert," what is really meant is "repentance." When we return, we repent. Our eyes are reopened. And with it comes joy because with it comes the Holy Spirit. As Kane says, "The end of sorrow, both natural and supernatural, is correction, change. Supernatural sorrow must wean the soul from sin and turn it to God; it must, in other words, work repentance, for to repent is to change."
Conversion is literally a turning of the soul and all its faculties from sin to complete consonance with the Will of God.
In fact, "repentance" comes from the Greek metanoia.
"True repentance is easily discerned," writes Kane. "Mortification is its soul. When we repeatedly resist our ruling passion, when we remove the causes that stir it into action, when we lay the axe to the root of sin, when we are proof against the alluring voice of self-love, which ever seeks to discredit the claims of conscience, when we bridle the triple concupiscence of the world, the flesh, and the devil, when we are guided by the Divine philosophy of the Gospel and not by the uncertain and shifting maxims of the world, when the spirit of self-denial has so thoroughly woven itself into the fibers of our religious life as to make us impervious to the poisonous exhalations of worldliness, sensuality, and pride, when there is a substantial, not accidental change in our attitude toward sin in its complex guises, when the Cross is for us the test and measure of success, when we learn the secret of sanctity from its greatest exponent and example, Jesus Christ, Who 'did not please Himself,' when we 'rend our hearts and not our garments,' and turn wholly to the Lord, our God -- then and then only are we truly penitent."
In other words: if we do not work actively -- and with great tenacity -- at purging evil inclinations, we have not truly repented (converted).
"Watch and pray," said Jesus (Mark 14:38), "that you not enter into temptation."
Here's a constant prayer for us -- that of the publican: "Oh God, be merciful to me a sinner" (Luke 18:13). We cannot repeat that too often.
"The essential difference between true and false repentance shows the indisputable necessity of sincerity with God," says the book. "Our service to God must be free from duplicity. Christ enforces this truth: 'He that is not with Me is against Me' (Matthew 12:30). God cannot tolerate any compromise with sin: 'He that gathereth not with Me scattereth' (Matthew 12:30 again). The man who tries to bargain with God is a weakling. To confess and not to change is treason against God. The eye of the soul must be sound. To the conviction that we are sinners, we must add honesty in dealing with our sins and in addressing ourselves to God for their pardon. Grace not only can reveal to the soul its characteristic weakness -- without the cloak in which dishonest self-love would hide it -- but also can counteract the deadly poison of sin and give the soul the moral strength to overcome the treacherous tempter."



















domingo, 24 de junio de 2012

Solemnidad Del Sagrado Corazon



Por SCTJM
S.S. Juan Pablo II estableció que en esta solemnidad se celebre en la Iglesia la Jornada mundial por la santificación de los sacerdotes.
La solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús recuerda el misterio del amor de Dios por cada hombre y mujer. -Juan Pablo II. 10, Junio, 2004.

«Esta fiesta recuerda el misterio del amor que Dios siente por los hombres de todo tiempo,  recordando el mensaje central que dejó Cristo al aparecerse a una religiosa francesa de la Visitación, SantaMargaría María Alacoque (1647-1690).

Queridos jóvenes, os invito a prepararos, en la escuela del Corazón de Cristo, para afrontar con confianza los compromisos que os esperan en el transcurso de la vida.

Os doy las gracias, queridos enfermos, por la especial ayuda que ofrecéis al pueblo cristiano, aceptando el cumplimiento de la voluntad de Jesús crucificado, en fecunda unión con su sacrificio salvífico.

... Recemos también para que haya santos sacerdotes, formados "según el Sagrado Corazón de Cristo". 

www.corazones.org