domingo, 27 de mayo de 2012

Pentecostés: Cree en la fuerza del Espíritu Santo


27 de mayo de 2012

“Y dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos”. (Jn 20, 22-23)


Una de las herejías más antiguas es el llamado “pelagianismo”, que consiste en creer que sólo contamos con nuestras propias fuerzas en la lucha por alcanzar la perfección y que el hombre, por lo tanto, se salva por sí mismo, sin deberle nada o muy poco al Señor y a su muerte en la Cruz. Esta falta de fe en la gracia de Dios se nota, entre otras cosas, en la disminución con que se frecuenta el sacramento de la confesión. Contra esta tendencia, tan actual, debemos reaccionar renovando nuestra fe en el Espíritu Santo y estando convencidos de que, si bien hay que poner todo lo que podamos de nuestra parte, no somos nosotros los que hacemos las cosas sino que es Dios el que las hace. Jesús quiere que no lo olvidemos y por eso en Pentecostés al dar el don del Espíritu Santo dio también el don del perdón de los pecados a través del sacramento de la penitencia. El Espíritu Santo, al que deberíamos llamar “Espíritu Santificador” actúa, entre otras formas, a través del don del perdón que recibimos al confesarnos, porque al ser perdonados renacemos a la santidad, volvemos a disfrutar de la comunión con Dios, participamos de la resurrección de Cristo.
Es Dios, como dijo María en las palabras dirigidas a su prima Isabel, el que hace maravillas y es capaz de hacerlas incluso con instrumentos tan frágiles y pobres como somos nosotros. Por eso es tan importante la confesión, porque es una proclamación de nuestra fe no sólo en el amor redentor de Cristo –que perdona nuestros pecados- sino también en que Él es capaz con su gracia, con su fuerza, de hacernos santos. Porque creemos en Él nos confesamos y seguimos luchando. Y porque luchamos venceremos.
Propósito: Pedirle al Espíritu Santo el don de la santidad, con insistencia y perseverancia. Pedírselo a la vez que pedimos perdón por nuestros pecados en la confesión.

Padre Santiago Martín

Versiculo del Dia ( Pentecostes)

Jesús dijo: "Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos."Juan 20,19-23

Oración: Ven Espiritu Santo, ven!



Para la revisión de vida 
-Hacer un tiempo de oración más profunda, tratando de escuchar las mociones que el Espíritu puede suscitar en mí y que quizá no tengo condiciones de escuchar en la prisa diaria. 
-Educar la mirada: lograr "ver" al Espíritu actuando en tantas cosas como Él mueve y dirige...
-No dejarnos deslumbrar por todos los que se remiten fácilmente al "espíritu" y en su nombre se apartan del compromiso del amor, de la atención a los pobres...: hacer "discernimiento de espíritus". 
-Ejercicio: leer un libro de espiritualidad comprometida.

Los 7 dones del Espiritu Santo (Inteligencia)


Inteligencia (Entendimiento): Es una gracia del Espíritu Santo para comprender la Palabra de Dios y profundizar las verdades reveladas.
S.S. Juan Pablo II, Catequesis sobre el Credo, 16-IV-89
La fe es adhesión a Dios en el claroscuro del misterio; sin embargo es también búsqueda con el deseo de conocer más y mejor la verdad revelada. Ahora bien, este impulso interior nos viene del Espíritu, que juntamente con ella concede precisamente este don especial de inteligencia y casi de intuición de la verdad divina.
La palabra "inteligencia" deriva del latín intus legere, que significa "leer dentro", penetrar, comprender a fondo. Mediante este don el Espíritu Santo, que "escruta las profundidades de Dios" (1 Cor 2,10), comunica al creyente una chispa de capacidad penetrante que le abre el corazón a la gozosa percepción del designio amoroso de Dios. Se renueva entonces la experiencia de los discípulos de Emaús, los cuales, tras haber reconocido al Resucitado en la fracción del pan, se decían uno a otro: "¿No ardía nuestro corazón mientras hablaba con nosotros en el camino, explicándonos las Escrituras?" (Lc 24:32)
Esta inteligencia sobrenatural se da no sólo a cada uno, sino también a la comunidad: a los Pastores que, como sucesores de los Apóstoles, son herederos de la promesa específica que Cristo les hizo (cfr Jn 14:26; 16:13) y a los fieles que, gracias a la "unción" del Espíritu (cfr 1 Jn 2:20 y 27) poseen un especial "sentido de la fe" (sensus fidei) que les guía en las opciones concretas.
Efectivamente, la luz del Espíritu, al mismo tiempo que agudiza la inteligencia de las cosas divinas, hace también mas límpida y penetrante la mirada sobre las cosas humanas. Gracias a ella se ven mejor los numerosos signos de Dios que están inscritos en la creación. Se descubre así la dimensión no puramente terrena de los acontecimientos, de los que está tejida la historia humana. Y se puede lograr hasta descifrar proféticamente el tiempo presente y el futuro. "¡signos de los tiempos, signos de Dios!".
Queridísimos fieles, dirijámonos al Espíritu Santo con las palabras de la liturgia: "Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo" (Secuencia de Pentecostés).
Invoquemoslo por intercesión de Maria Santísima, la Virgen de la Escucha, que a la luz del Espíritu supo escrutar sin cansarse el sentido profundo de los misterios realizados en Ella por el Todopoderoso (cfr Lc 2, 19 y 51). La contemplación de las maravillas de Dios será también en nosotros fuente de alegría inagotable: "Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador" (Lc 1, 46 s).

PENTECOSTALISMO


Padre Jordi Rivero, mayo 2007
Pentecostalismo: De "Pentecostés"
El Pentecostalismo es una corriente de avivamiento cristiano en que se experimenta el poder del Espíritu Santo y se manifiestan sus dones, incluso algunos que fuera de esta experiencia son infrecuentes: el don de lenguas, profecía, curación, liberación, alabanña, etc. (Ver: Hechos de los Apóstoles y cartas de San Pablo). El Espíritu comunica una fuerte conciencia de que Jesús es el Señor y mueve a evangeliñar. Es una gracia que ha tocado transversalmente las Iglesias cristianas (católica, ortodoxa, protestante). Hay unos 600 millones de pentecostales en el mundo.
El Pentecostalismo clásico comenñó en 1906 entre cristianos pobres, en su mayoría de raña negra que se reunían en la calle Añusa en Los Angeles, USA. Ellos no buscaban una nueva doctrina sino mas bien abrirse plenamente a la acción del Espíritu Santo. Fueron bendecidos con gracias extraordinarias fundamentadas en una profunda conciencia del Señorío de Jesús sobre el mundo y sobre sus vidas. El Pentecostalismo pronto se propagó entre las iglesias Protestantes al principio del siglo XX. Cuando algunas de las iglesias cerraron su puertas a los pentecostales, estos comenñaron sus reuniones aparte lo cual dio inicio a iglesias pentecostales independientes.

La experiencia pentecostal moderna comenñó en la iglesia católica en 1966, generalmente conocida como Renovación Carismática. Unos pocos estudiantes de la Universidad de Duquesne (Pittsburgh, Pennsylvania – Estados Unidos), durante un retiro meditaron sobre la experiencia de Pentecostés en los Hechos de los Apóstoles y reñaron para que ocurriera lo mismo entre ellos. El resultado fue que experimentaron la efusión del Espíritu Santo poderosamente y comenñaron a hablar en lenguas, alabar a Dios y experimentar un enorme goño al saberse hijos amados de Dios. La profunda experiencia de gracia cambió sus vidas. Desde allí la gracia se propagó por todo el mundo. Más de 120 millones de católicos participan de la espiritualidad de la RCC actualmente.
La Renovación Carismática no contiene doctrinas nuevas. Es mas bien la obra del Espíritu Santo que entra en el corañón del hombre para capacitarlo a vivir su fe con un nuevo convencimiento de la verdad y del poder de Dios.
El pentecostalismo católico (la renovación carismática) desde el principio fue fiel a la Iglesia y muy pronto recibió la aprobación del Papa. Es de notar que surge un año después de la clausura del Concilio Vaticano II, que fue una maravillosa obra renovadora del Espíritu. El Papa Juan XXIII había reñado por un derramamiento de gracia:
Repítase así ahora en la familia cristiana el espectáculo de los Apóstoles reunidos en Jerusalén después de la ascensión de Jesús al cielo, cuando la Iglesia naciente se encontró unida toda en comunión de pensamiento y oración con Pedro y en derredor de Pedro, Pastor de los corderos y de las ovejas. Y dígnese el Espíritu divino escuchar de la manera más consoladora la oración que todos los días sube a El desde todos los rincones de la tierra: "Renueva en nuestro tiempo los prodigios como de un nuevo Pentecostés, y concede que la Iglesia santa, reunida en unánime y mas intensa oración en torno a María Madre de Jesús, y guiada por Pedro, propague el reino del Salvador divino, que es reino de verdad, de justicia, de amor y de pañ! Así sea"  -Juan XXIII en la Constitución Apostólica del 25 de diciembre de 1961, con la que convocaba el Concilio Vaticano II.
Dios no tardó en responder a la oración que junto con el Papa elevaron a Dios millones de fieles.
Muchos tienen un concepto del pentecostalismo basado en malas experiencias de abusos y distorsiones. Recordemos que todo lo que viene de Dios puede ser desformado por el hombre. Sería una gran desgracia si por las malas experiencias nos cerramos a la auténtica gracia de Dios.
Les exhorto a que descubran las gracias del Espíritu Santo que Dios está derramando en su Iglesia para todos, no para cambiarla sino precisamente para que seamos capaces de avivar nuestra fe en toda la verdad. Jesús desea que recibamos el Espíritu Santo como lo recibieron los Apóstoles para que nos lleve como ellos a una vida nueva de santidad. La gracia se recibe cuando abrimos el corañón humildemente y con fe pedimos al Señor que envíe su Espíritu Santo.

-Padre Jordi Rivero